Alumnos: EAFIT: Saludo especial.
Toda la historia de la humanidad está llena de multiples pensamientos e interpretaciones: Mitológicas,religiosas, filosóficas y científicas; cada una de ellas ha querido presentarse como verdadera y aceptada, pero, "la verdad" solo se construye a partir de concensos sociales y de argumentaciones, no con pasiones dogmáticas y credos doctrinarios religiosos y políticos...La tarea del hombre sean cual fueren sus motivos está en aproximarse lo mayor posible a ella.
Gilberto
LA EUROPA DEL CONGRESO DE VIENA.
Aparte de Francia, sólo ha habido dos vencidos cuyos soberanos no se habían
alineado in extremis contra Napoleón: Dinamarca, que ha de ceder Noruega al rey de Suecia; y Sajonia, que debe ceder la mitad de su territorio a Prusia. La misma Francia se encuentra de nuevo, con ligeros retoques, con las fronteras anteriores a la Revolución. Prusia incrementa su territorio con Westfalia y Renania, con lo que adquiere una posición dominante en el norte de Alemania. Austria incorpora una gran parte del ex reino napoleónico de Italia (Lombardía y Venecia). El rey de Cerdeña obtiene Liguria, que desde hacía mucho tiempo ambicionaba.
Entre los excluidos de la restauración figuran la mayor parte de los pequeños
Estados alemanes suprimidos a partir de 1803... y el mismo Sacro Imperio, que es sustituido -en lo esencial, con los mismos límites- por una Confederación germánica con poderes limitados. Aparte la Confederación suiza, los regímenes no monárquicos de antaño no son restaurados: repúblicas de Venecia y de Génova, y Provincias Unidas. En este último caso, a iniciativa de Inglaterra, se produce una innovación: a la vez que se mantiene el régimen centralizado instituido por los franceses, se reúnen en un gran reino de los Países Bajos las ex Provincias Unidas y los ex Países Bajos austríacos.
EL SIGLO DE LOS NACIONALISMOS
Las guerras internacionales que estallan en Europa occidental en el siglo XIX están ligadas a la cuestión de la unidad italiana (en 1859) y de la unidad alemana (en1863-1864, 1866 y 1870-1871). En líneas generales, el ascenso del nacionalismo caracteriza los años 1815 a 1914. Sin embargo, el término “nacionalismo” encubre aspiraciones y realidades diversas.
NACIONES Y PUEBLOS.
La Revolución francesa expresó una idea vigorosa: que la soberanía reside no en una monarquía hereditaria, sino en la “nación”. Hasta la segunda mitad del siglo, esta «nación», en la práctica, va a identificarse con la burguesía: allí encuentra ésta el tema y el marco de sus ambiciones políticas. Al mismo tiempo, el extraordinario dinamismo de la Francia revolucionaria y napoleónica suscitó entre sus vecinos una mezcla de envidia y de resentimiento que, por la fuerza de las cosas, condujo a un deseo de alzarse a un nivel comparable. Esto es cierto en el caso de los alemanes, incluso de los italianos, cada vez más preocupados por afincarse colectivamente como tales. Al empuje nacionalista contribuyen también algunas situaciones especiales: las de los belgas frente a los holandeses, de los irlandeses frente a los ingleses y de los noruegos frente a los suecos.
Otro hilo conductor procede de la idea de que el pueblo, en cierto modo, es un producto natural de la historia, en tanto que la nación, construcción abstracta, sería el fundamento de la legitimidad de los Estados. Hay en esta idea una reacción contra el racionalismo del Siglo de las Luces, pero también la novedad de un interés hacia la etnografía (término que aparecerá en 1823 con esta significado: «clasificación de los pueblos según sus lenguas»). Tanto en Italia como en Alemania, el criterio de la lengua será invocado (entre otros) para justificar la unidad. Lo será también, hacia finales de siglo, para apuntalar diversos tipos de reivindicaciones autonómicas: catalana, flamenca, vasca...
BELGAS, NORUEGOS E IRLANDESES.
En Bélgica es la “nación” burguesa y francófona, la que niega la hegemonía
holandesa en 1830 y reclama la independencia. La consigue gracias al apoyo de Inglaterra y Francia. La población de lengua flamenca sigue el movimiento, pues además su fidelidad al catolicismo la dispone contra sus vecinos del norte, protestantes. En Noruega, antes de 1814 no se discutía apenas la unión con Dinamarca. Por contra, el vínculo con Suecia impuesto a los noruegos les condujo poco a poco a reivindicar su independencia, que alcanzarán en 1905 al final de un proceso pacífico.
En Irlanda, a lo largo del siglo XIX, el nacionalismo en sí mismo busca una definición. La lengua gaélica, en rápida regresión frente al inglés, no diferencia a los irlandeses de los otros. Es verdad que el catolicismo caracteriza a la mayoría, pero entonces ¿qué pasará con la minoría protestante que se considera no obstante irlandesa?
¿Hay que pensar en la autonomía o, de modo más radical, en la independencia? En 1914,ninguna de estas preguntas habrá tenido una verdadera respuesta.
LA UNIDAD ITALIANA.
A mediados del siglo XIX, ésta aparece muy quimérica. Primero porque Austria
controla una parte de Italia y, no tiene intención alguna de soltarla. Después, más profundamente, porque desde finales del siglo VI Italia nunca ha conocido la unidad política, bajo cualquier forma que fuese. El recuerdo de la unidad parcial instaurada por Napoleón afecta solamente al norte de Italia. Nápoles y Sicilia están lejos, al otro lado de los Estados pontificios que no sería fácil suprimir de un plumazo... Así pues, lo que se pretende, con criterio realista, es una Confederación.
La intervención militar de Francia al lado del reino de Cerdeña (dicho de otro
modo, de la casa de Saboya) pone fin, en 1859, a la hegemonía austríaca. En unos meses, todo el norte de Italia (excepto Venecia, que Francia deja a Austria), se une a la casa de Saboya. Al sur, en cambio, es Garibaldi, a la cabeza de la Expedición de los Mil (1860), quien fuerza el destino. Italia forma así un reino unitario que muy pocos preveían. Venecia (en 1866) y Roma (en 1870) caerán como frutas maduras.
LA UNIDAD ALEMANA.
Para conseguir su unidad, los alemanes disponen de un marco político: la
Confederación germánica. En 1848-1849, el parlamento de Frankfurt lo intenta en vano, porque la realidad del poder está en otra parte, en las dos capitales rivales: Viena y Berlín. Prusia dispone desde 1815 de una clara ventaja geográfica: del Niemen al Mosela forma el primer Estado «panalemán». Hacia ella se vuelven los partidarios de la unidad más que hacia Austria, tan ''danubiana'' como alemana. Todavía es necesario superar la rivalidad austro-prusiana: lo conseguirá Bismarck, por la astucia y la fuerza, en menos de diez años, desde su accesión al puesto de canciller de Prusia en 1862 hasta la fundación del Imperio alemán en 1871. El nuevo Imperio, levantado en torno a Prusia, conserva un carácter federal que defienden con celo los Estados alemanes supervivientes, en particular los del sur. Sin embargo, la exclusión de Austria parte en dos la incipiente nación alemana, cuestión que volverá a surgir en el siglo XX.
LOS NACIONALISMOS INTEGRADORES.
La oposición entre la idea (considerada francesa) de nación y la idea
(considerada alemana) de pueblo (Volk) cristaliza a propósito de Alsacia-Lorena, que Francia tuvo que ceder a Alemania como consecuencia de la guerra de 1870-1871. De un lado se sostiene que los alsacianos se habían adherido voluntariamente (a partir de la Revolución, se entiende) a la nación francesa; de otro, se argumenta que los alsacianos siempre han sido, y continúan siéndolo, de dialecto alemán. No obstante el debate pierde en la práctica su significado en el último tercio del siglo XIX. En efecto, por todas partes, o casi todas se impone el principio de la enseñanza obligatoria para el conjunto de la población de la lengua oficial del Estado. En un sentido, la era de los nacionalismos «posibles» se cierra así, al menos en Europa del oeste. Con la enseñanza obligatoria, el sufragio universal y, frecuentemente, el reclutamiento, cada Estado se considera a partir de entonces depositario del único nacionalismo legítimo. Su misión es la de integrar su población en todo: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, etcétera, actúan en este aspecto de la misma manera. Sólo se exceptúan del movimiento lingüístico, por evidentes razones, Suiza, Bélgica (con reticencias) y Austria-Hungría.
La voluntad de unificación lingüística suscita reacciones a finales del siglo XIX
en Cataluña y en el País Vasco, por ejemplo, que se amplificarán en el siglo
siguiente. En la misma época, la noción de pueblo, "producto natural de la
historia", experimenta una desviación de carácter racial: una nueva forma de
antisemitismo, que ya no es religioso, sino "racista" se extiende por Europa.
LAS DOS GUERRAS MUNDIALES
Sin necesidad de analizar las causas de la Primera Guerra Mundial, se percibe que ha contribuido a ella el reforzamiento de los nacionalismos, que los mismos Estados han orquestado. Paradójicamente, la Gran Guerra, a su vez, los ha consolidado en la «solidaridad de las trincheras». La Segunda Guerra Mundial, en muchos aspectos, prolonga la primera. Se diferencia, sin embargo (entre otros aspectos), en su desenlace: después de 1945, en todo caso, los nacionalismos pierden en la Europa del oeste su virulencia.
LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.
La humanidad no había conocido antes una guerra tan mortífera. En Europa,se oponen:
- de un lado, Alemania, Austria-Hungria, Bulgaria y el Imperio otomano; - del otro, al oeste, Francia, Bélgica (invadida por los alemanes en agosto de 1911,
aunque era neutral), Gran Bretaña, Italia (a partir de abril de 1915) y Portugal (a partir de 1916, pero cuyo papel es más bien modesto); al este, Rusia, Serbia y Rumania.
En 1917, Estados Unidos declara la guerra a Alemania y participa desde entonces en los combates del frente occidental. Aquel mismo año, tras la Revolución de Octubre, Rusia se retira del conflicto. En noviembre de 1918. primero Austria-Hungría y luego Renania firman los armisticios.
LOS TRATADOS DE PAZ.
Con Alemania, los vencedores firman el tratado de Versalles (junio de 1919); con Austria, el tratado de Saint-Germain (septiembre de 1919). Al oeste, Alemania devuelve Alsacia-Lorena a Francia y, cede a Bélgica Eupen-Malmedy, y a Dinamarca Schleswig del Norte. Pierde además territorios al este, principalmente a favor de Polonia: el «corredor polaco» separa Prusia oriental del resto de Alemania. Danzig es declarada ciudad libre.
Austria-Hungría se despedaza y nacen dos Estados nuevos: Checoslovaquia y
Yugoslavia. En líneas generales, la población de lengua alemana del ex Imperio se encuentra distribuida en tres Estados: en la propia Austria, muy escasa; en Checoslovaquia (alemanes de Bohemia); y en Italia, que en 1919 consigue anexionarse el germanófono Tirol meridional. Contra los deseos de la población austríaca de la época, los aliados incluyen en los tratados la prohibición de cualquier tipo de unión entre Austria y Alemania. Además del Tirol meridional y del Trentino (de lengua italiana), Austria cede a Italia la Venecia Julia(Trieste y su región), poblada en parte por eslovenos y croatas.
Sin relación directa con la Primera Guerra Mundial, el problema de Irlanda
encuentra en 1920-1921 una solución, poco satisfactoria, pero que será duradera: la división de la isla en un Estado libre de Irlanda, casi independiente, e Irlanda del Norte, que permanece en el Reino Unido.
EL PERÍODO DE ENTREGUERRAS.
Las dificultades económicas, sociales, etc., a las que deben hacer frente los
regímenes democráticos, llevan a la instauración en algunos países de poderes
autoritarios de un nuevo tipo. La primera que sucumbe es Italia: Mussolini, jefe del gobierno a partir de 1922, monta en pocos años un Estado fascista. En Alemania, Hitler liquida, en 1933-1934 el régimen de la república de Weimar, fundado en 1919. Simultáneamente, en Austria, Dollfuss instituye un Estado corporativista. En Portugal, el Estado corporativista que Salazar dirigirá hasta 1968 toma forma en 1933. En España, la república instaurada en 1931 ve cómo se levanta contra ella un movimiento llamado "nacional", que en tres años de guerra civil (1936-1939) sale victorioso: el régimen autoritario del general Franco sólo acabará después de su muerte, acaecida en 1975. Hitler pone en entredicho, por etapas, los tratados de 1919: remilitarización de Renania en marzo de 1936; anexión de Austria en marzo de 1938; desmembración de
Checoslovaquia en octubre de 1938, con el acuerdo de Francia y el Reino Unido (dado en Munich en septiembre); incorporación de Bohemia-Moravia en el Reich en marzo de 1939. En agosto, Hitler reclama Danzig: Polonia se opone y la guerra estalla.
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
Pocos Estados europeos conseguirán mantenerse fuera del conflicto: Suiza,
Suecia, España (ya muy castigada por la guerra civil), Portugal, Irlanda y Turquía. Al lado de la Alemania nazi figuran la Italia mussoliniana, varios Estados más o menos satelitizados de Europa central (Hungría, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia ... ) Finlandia (atacada por la URSS en noviembre de 1939, vencida en marzo de 1940, reanuda la guerra en 1941).
Tras la firma del Pacto germano-soviético (23 de agosto de 1939), que prevé
principalmente un reparto de Polonia, los ejércitos alemanes invaden ésta en
septiembre. En abril de 1940 invaden Dinamarca y Noruega; en mayo, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo; en junio, Francia; en abril de 1941, Yugoslavia. Desde junio de 1940 hasta junio de 1941 el Reino Unido sólo les hará frente a Alemania. En junio de 1941, Hitler lanza sus ejércitos a la conquista de la URSS. En diciembre del mismo año, los Estados Unidos, atacados en Pearl Harbour por Japón, aliado de Alemania, entran a su vez en guerra. A partir de 1943, frente a los soviéticos, de 1944, frente a los americanos, las fuerzas alemanas retroceden inevitablemente. En mayo de 1945 se produce la capitulación sin condiciones de Alemania.
El conflicto ha ocasionado todavía más víctimas que el de 1914-1918: víctimas
militares, víctimas civiles (bombardeos), personas muertas en los campos de
concentración nazis. Al margen de la guerra en sí misma, de 1941 a 1945 los nazis exterminaron entre cinco y, seis millones de judíos.
LA POSGUERRA.
De la última fase de la guerra arranca una hegemonía soviética en Europa central v oriental, y americana en Europa occidental. La línea divisoria pasa a través de Alemania y Austria, divididas en zonas de ocupación (soviéticas, americanas, británicas francesas). Pronto se convertirá en un "telón de acero". La «guerra fría» entre el este y el oeste comienza en 1948.
En febrero de 1947 el tratado de paz que firma Italia pone punto final al contencioso heredado de la época mussoliniana. En mayo de 1947, los comunistas son excluidos de los gobiernos francés e italiano. En junio, los Estados Unidos proponen a los países europeo una ayuda económica (plan Marshall). Los Estados de Europa central, en su mayoría sometidos ya al control comunista, la rechazan, excepto Checoslovaquia, que volverá a la disciplina en febrero de 1948 («golpe de Praga»). Todos los países de Europa
occidental se ven beneficiados por el plan Marshall, excepto la España franquista (a la que no se ofreció) y Finlandia (que dijo no, para no indisponerse con la URSS). Viene luego la época de las alianzas militares. En 1948 los tres países del Benelux (unión aduanera fundada en 1944 por Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo) firman con el Reino Unido y Francia el tratado de Bruselas, dirigido aún contra Alemania. Al añosiguiente, el Pacto Atlántico (o Tratado del Atlántico Norte) persigue claramente precaverse contra las amenazas soviéticas. Además de Estados Unidos y Canadá, los signatarios son Bélgica, Dinamarca, Francia, Reino Unido, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, los Países Bajos y Portugal. En 1952 se añadirán Grecia y Turquía.
Pese a la guerra fría, Austria consigue preservar su unidad política, (que será
confirmada por el tratado del Estado austríaco de 1955). No ocurre lo mismo (con Alemania, que sufrirá sucesivamente una amputación y una división.
En 1945-1946, los territorios al este de la línea Oder-Neisse, separados de hecho de Alemania, son unidos a Polonia (y, en parte, a la URSS). Sus habitantes alemanes son expulsados en masa hacia el oeste, al igual que los alemanes de Bohemia. Al oeste de la línea Oder-Neisse, la guerra fría lleva a la instauración, en 1949, de dos Estados
alemanes diferentes: la República federal de Alemania (zonas de ocupación americana, británica y francesa) y la República democrática alemana (zona de ocupación soviética).
En 1955 la RFA se adhiere al Pacto Atlántico. A partir de 1961, el muro de Berlín parte la ciudad en dos.
LA EUROPA OCCIDENTAL CONTEMPORÁNEA
LA GÉNESIS DE LA UNIÓN EUROPEA.
La fundación del Benelux, en 1944, abrió el camino. El impulso decisivo se
produjo con el plan presentado en mayo de 1950 por Robert Schuman (ministro de Asuntos Exteriores francés), inspirado por Jean Monnet. Este plan conduce al año siguiente a la institución de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), que agrupa a Francia, la RFA, Italia y el Benelux. Gran Bretaña, hostil a toda dejación de soberanía, se negó a adherirse.
En 1952, los mismos seis Estados firmaron un tratado que instituía una Comunidad Europea de Defensa (CED), pero, tras muchas, tergiversaciones, el Parlamento francés e niega a ratificarlo. El «relanzamiento europeo» culmina en marzo de 1957 con el tratadode Roma, que instituye la Comunidad Económica Europea (CEE, llamada también Mercado Común») y el Euratom. La «Europa de los Seis» -cuyos promotores se fijaron, como objetivo, a largo plazo, la unión política- juega desde entonces un papel cada vez más importante.
El Reino Unido enciende en 1959 un contrafuego, bajo la forma de Asociación Europea de Libre Comercio (AELE), en la que participan Austria, Dinamarca, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza. En 1963, sin embargo. el Reino Unido cambia de táctica y solicita la adhesión a la CEE. Francia, presidida entonces por el general De Gaulle, la veta. El Reino Unido, acompañado de Dinamarca e Irlanda, no entrará en la CEE hasta enero de 1973.
A los Nueve se añaden, en 1981, Grecia. En enero de 1986, España y Portugal. Se unenluego a los Doce, en enero de 1995),Austria, Finlandia y Suecia. Noruega había firmadoun tratado de adhesión, pero los noruegos, por referéndum celebrado en 1994, se opusieron a la ratificación. En aplicación del tratado de Maastricht (7 de febrero de 1992), el conjunto toma el nombre de Unión Europea (UE) desde enero de 1994.
LA UNIFICACIÓN DE ALEMANIA.
Los regímenes comunistas se hunden en 1989 en Polonia, Checoslovaquia,
Hungría, la RDA... El muro de Berlín se abre el 9 de noviembre. Poco después se desmembrará la URSS. A pesar del escepticismo de muchos alemanes, el canciller Helmut Kohl se propone inmediatamente, a marchas forzadas, la unificación de Alemania: en octubre de 1990, los länder del este (ex RDA) se integran en la RFA.
Aparte de Francia, sólo ha habido dos vencidos cuyos soberanos no se habían
alineado in extremis contra Napoleón: Dinamarca, que ha de ceder Noruega al rey de Suecia; y Sajonia, que debe ceder la mitad de su territorio a Prusia. La misma Francia se encuentra de nuevo, con ligeros retoques, con las fronteras anteriores a la Revolución. Prusia incrementa su territorio con Westfalia y Renania, con lo que adquiere una posición dominante en el norte de Alemania. Austria incorpora una gran parte del ex reino napoleónico de Italia (Lombardía y Venecia). El rey de Cerdeña obtiene Liguria, que desde hacía mucho tiempo ambicionaba.
Entre los excluidos de la restauración figuran la mayor parte de los pequeños
Estados alemanes suprimidos a partir de 1803... y el mismo Sacro Imperio, que es sustituido -en lo esencial, con los mismos límites- por una Confederación germánica con poderes limitados. Aparte la Confederación suiza, los regímenes no monárquicos de antaño no son restaurados: repúblicas de Venecia y de Génova, y Provincias Unidas. En este último caso, a iniciativa de Inglaterra, se produce una innovación: a la vez que se mantiene el régimen centralizado instituido por los franceses, se reúnen en un gran reino de los Países Bajos las ex Provincias Unidas y los ex Países Bajos austríacos.
EL SIGLO DE LOS NACIONALISMOS
Las guerras internacionales que estallan en Europa occidental en el siglo XIX están ligadas a la cuestión de la unidad italiana (en 1859) y de la unidad alemana (en1863-1864, 1866 y 1870-1871). En líneas generales, el ascenso del nacionalismo caracteriza los años 1815 a 1914. Sin embargo, el término “nacionalismo” encubre aspiraciones y realidades diversas.
NACIONES Y PUEBLOS.
La Revolución francesa expresó una idea vigorosa: que la soberanía reside no en una monarquía hereditaria, sino en la “nación”. Hasta la segunda mitad del siglo, esta «nación», en la práctica, va a identificarse con la burguesía: allí encuentra ésta el tema y el marco de sus ambiciones políticas. Al mismo tiempo, el extraordinario dinamismo de la Francia revolucionaria y napoleónica suscitó entre sus vecinos una mezcla de envidia y de resentimiento que, por la fuerza de las cosas, condujo a un deseo de alzarse a un nivel comparable. Esto es cierto en el caso de los alemanes, incluso de los italianos, cada vez más preocupados por afincarse colectivamente como tales. Al empuje nacionalista contribuyen también algunas situaciones especiales: las de los belgas frente a los holandeses, de los irlandeses frente a los ingleses y de los noruegos frente a los suecos.
Otro hilo conductor procede de la idea de que el pueblo, en cierto modo, es un producto natural de la historia, en tanto que la nación, construcción abstracta, sería el fundamento de la legitimidad de los Estados. Hay en esta idea una reacción contra el racionalismo del Siglo de las Luces, pero también la novedad de un interés hacia la etnografía (término que aparecerá en 1823 con esta significado: «clasificación de los pueblos según sus lenguas»). Tanto en Italia como en Alemania, el criterio de la lengua será invocado (entre otros) para justificar la unidad. Lo será también, hacia finales de siglo, para apuntalar diversos tipos de reivindicaciones autonómicas: catalana, flamenca, vasca...
BELGAS, NORUEGOS E IRLANDESES.
En Bélgica es la “nación” burguesa y francófona, la que niega la hegemonía
holandesa en 1830 y reclama la independencia. La consigue gracias al apoyo de Inglaterra y Francia. La población de lengua flamenca sigue el movimiento, pues además su fidelidad al catolicismo la dispone contra sus vecinos del norte, protestantes. En Noruega, antes de 1814 no se discutía apenas la unión con Dinamarca. Por contra, el vínculo con Suecia impuesto a los noruegos les condujo poco a poco a reivindicar su independencia, que alcanzarán en 1905 al final de un proceso pacífico.
En Irlanda, a lo largo del siglo XIX, el nacionalismo en sí mismo busca una definición. La lengua gaélica, en rápida regresión frente al inglés, no diferencia a los irlandeses de los otros. Es verdad que el catolicismo caracteriza a la mayoría, pero entonces ¿qué pasará con la minoría protestante que se considera no obstante irlandesa?
¿Hay que pensar en la autonomía o, de modo más radical, en la independencia? En 1914,ninguna de estas preguntas habrá tenido una verdadera respuesta.
LA UNIDAD ITALIANA.
A mediados del siglo XIX, ésta aparece muy quimérica. Primero porque Austria
controla una parte de Italia y, no tiene intención alguna de soltarla. Después, más profundamente, porque desde finales del siglo VI Italia nunca ha conocido la unidad política, bajo cualquier forma que fuese. El recuerdo de la unidad parcial instaurada por Napoleón afecta solamente al norte de Italia. Nápoles y Sicilia están lejos, al otro lado de los Estados pontificios que no sería fácil suprimir de un plumazo... Así pues, lo que se pretende, con criterio realista, es una Confederación.
La intervención militar de Francia al lado del reino de Cerdeña (dicho de otro
modo, de la casa de Saboya) pone fin, en 1859, a la hegemonía austríaca. En unos meses, todo el norte de Italia (excepto Venecia, que Francia deja a Austria), se une a la casa de Saboya. Al sur, en cambio, es Garibaldi, a la cabeza de la Expedición de los Mil (1860), quien fuerza el destino. Italia forma así un reino unitario que muy pocos preveían. Venecia (en 1866) y Roma (en 1870) caerán como frutas maduras.
LA UNIDAD ALEMANA.
Para conseguir su unidad, los alemanes disponen de un marco político: la
Confederación germánica. En 1848-1849, el parlamento de Frankfurt lo intenta en vano, porque la realidad del poder está en otra parte, en las dos capitales rivales: Viena y Berlín. Prusia dispone desde 1815 de una clara ventaja geográfica: del Niemen al Mosela forma el primer Estado «panalemán». Hacia ella se vuelven los partidarios de la unidad más que hacia Austria, tan ''danubiana'' como alemana. Todavía es necesario superar la rivalidad austro-prusiana: lo conseguirá Bismarck, por la astucia y la fuerza, en menos de diez años, desde su accesión al puesto de canciller de Prusia en 1862 hasta la fundación del Imperio alemán en 1871. El nuevo Imperio, levantado en torno a Prusia, conserva un carácter federal que defienden con celo los Estados alemanes supervivientes, en particular los del sur. Sin embargo, la exclusión de Austria parte en dos la incipiente nación alemana, cuestión que volverá a surgir en el siglo XX.
LOS NACIONALISMOS INTEGRADORES.
La oposición entre la idea (considerada francesa) de nación y la idea
(considerada alemana) de pueblo (Volk) cristaliza a propósito de Alsacia-Lorena, que Francia tuvo que ceder a Alemania como consecuencia de la guerra de 1870-1871. De un lado se sostiene que los alsacianos se habían adherido voluntariamente (a partir de la Revolución, se entiende) a la nación francesa; de otro, se argumenta que los alsacianos siempre han sido, y continúan siéndolo, de dialecto alemán. No obstante el debate pierde en la práctica su significado en el último tercio del siglo XIX. En efecto, por todas partes, o casi todas se impone el principio de la enseñanza obligatoria para el conjunto de la población de la lengua oficial del Estado. En un sentido, la era de los nacionalismos «posibles» se cierra así, al menos en Europa del oeste. Con la enseñanza obligatoria, el sufragio universal y, frecuentemente, el reclutamiento, cada Estado se considera a partir de entonces depositario del único nacionalismo legítimo. Su misión es la de integrar su población en todo: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, etcétera, actúan en este aspecto de la misma manera. Sólo se exceptúan del movimiento lingüístico, por evidentes razones, Suiza, Bélgica (con reticencias) y Austria-Hungría.
La voluntad de unificación lingüística suscita reacciones a finales del siglo XIX
en Cataluña y en el País Vasco, por ejemplo, que se amplificarán en el siglo
siguiente. En la misma época, la noción de pueblo, "producto natural de la
historia", experimenta una desviación de carácter racial: una nueva forma de
antisemitismo, que ya no es religioso, sino "racista" se extiende por Europa.
LAS DOS GUERRAS MUNDIALES
Sin necesidad de analizar las causas de la Primera Guerra Mundial, se percibe que ha contribuido a ella el reforzamiento de los nacionalismos, que los mismos Estados han orquestado. Paradójicamente, la Gran Guerra, a su vez, los ha consolidado en la «solidaridad de las trincheras». La Segunda Guerra Mundial, en muchos aspectos, prolonga la primera. Se diferencia, sin embargo (entre otros aspectos), en su desenlace: después de 1945, en todo caso, los nacionalismos pierden en la Europa del oeste su virulencia.
LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.
La humanidad no había conocido antes una guerra tan mortífera. En Europa,se oponen:
- de un lado, Alemania, Austria-Hungria, Bulgaria y el Imperio otomano; - del otro, al oeste, Francia, Bélgica (invadida por los alemanes en agosto de 1911,
aunque era neutral), Gran Bretaña, Italia (a partir de abril de 1915) y Portugal (a partir de 1916, pero cuyo papel es más bien modesto); al este, Rusia, Serbia y Rumania.
En 1917, Estados Unidos declara la guerra a Alemania y participa desde entonces en los combates del frente occidental. Aquel mismo año, tras la Revolución de Octubre, Rusia se retira del conflicto. En noviembre de 1918. primero Austria-Hungría y luego Renania firman los armisticios.
LOS TRATADOS DE PAZ.
Con Alemania, los vencedores firman el tratado de Versalles (junio de 1919); con Austria, el tratado de Saint-Germain (septiembre de 1919). Al oeste, Alemania devuelve Alsacia-Lorena a Francia y, cede a Bélgica Eupen-Malmedy, y a Dinamarca Schleswig del Norte. Pierde además territorios al este, principalmente a favor de Polonia: el «corredor polaco» separa Prusia oriental del resto de Alemania. Danzig es declarada ciudad libre.
Austria-Hungría se despedaza y nacen dos Estados nuevos: Checoslovaquia y
Yugoslavia. En líneas generales, la población de lengua alemana del ex Imperio se encuentra distribuida en tres Estados: en la propia Austria, muy escasa; en Checoslovaquia (alemanes de Bohemia); y en Italia, que en 1919 consigue anexionarse el germanófono Tirol meridional. Contra los deseos de la población austríaca de la época, los aliados incluyen en los tratados la prohibición de cualquier tipo de unión entre Austria y Alemania. Además del Tirol meridional y del Trentino (de lengua italiana), Austria cede a Italia la Venecia Julia(Trieste y su región), poblada en parte por eslovenos y croatas.
Sin relación directa con la Primera Guerra Mundial, el problema de Irlanda
encuentra en 1920-1921 una solución, poco satisfactoria, pero que será duradera: la división de la isla en un Estado libre de Irlanda, casi independiente, e Irlanda del Norte, que permanece en el Reino Unido.
EL PERÍODO DE ENTREGUERRAS.
Las dificultades económicas, sociales, etc., a las que deben hacer frente los
regímenes democráticos, llevan a la instauración en algunos países de poderes
autoritarios de un nuevo tipo. La primera que sucumbe es Italia: Mussolini, jefe del gobierno a partir de 1922, monta en pocos años un Estado fascista. En Alemania, Hitler liquida, en 1933-1934 el régimen de la república de Weimar, fundado en 1919. Simultáneamente, en Austria, Dollfuss instituye un Estado corporativista. En Portugal, el Estado corporativista que Salazar dirigirá hasta 1968 toma forma en 1933. En España, la república instaurada en 1931 ve cómo se levanta contra ella un movimiento llamado "nacional", que en tres años de guerra civil (1936-1939) sale victorioso: el régimen autoritario del general Franco sólo acabará después de su muerte, acaecida en 1975. Hitler pone en entredicho, por etapas, los tratados de 1919: remilitarización de Renania en marzo de 1936; anexión de Austria en marzo de 1938; desmembración de
Checoslovaquia en octubre de 1938, con el acuerdo de Francia y el Reino Unido (dado en Munich en septiembre); incorporación de Bohemia-Moravia en el Reich en marzo de 1939. En agosto, Hitler reclama Danzig: Polonia se opone y la guerra estalla.
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
Pocos Estados europeos conseguirán mantenerse fuera del conflicto: Suiza,
Suecia, España (ya muy castigada por la guerra civil), Portugal, Irlanda y Turquía. Al lado de la Alemania nazi figuran la Italia mussoliniana, varios Estados más o menos satelitizados de Europa central (Hungría, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia ... ) Finlandia (atacada por la URSS en noviembre de 1939, vencida en marzo de 1940, reanuda la guerra en 1941).
Tras la firma del Pacto germano-soviético (23 de agosto de 1939), que prevé
principalmente un reparto de Polonia, los ejércitos alemanes invaden ésta en
septiembre. En abril de 1940 invaden Dinamarca y Noruega; en mayo, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo; en junio, Francia; en abril de 1941, Yugoslavia. Desde junio de 1940 hasta junio de 1941 el Reino Unido sólo les hará frente a Alemania. En junio de 1941, Hitler lanza sus ejércitos a la conquista de la URSS. En diciembre del mismo año, los Estados Unidos, atacados en Pearl Harbour por Japón, aliado de Alemania, entran a su vez en guerra. A partir de 1943, frente a los soviéticos, de 1944, frente a los americanos, las fuerzas alemanas retroceden inevitablemente. En mayo de 1945 se produce la capitulación sin condiciones de Alemania.
El conflicto ha ocasionado todavía más víctimas que el de 1914-1918: víctimas
militares, víctimas civiles (bombardeos), personas muertas en los campos de
concentración nazis. Al margen de la guerra en sí misma, de 1941 a 1945 los nazis exterminaron entre cinco y, seis millones de judíos.
LA POSGUERRA.
De la última fase de la guerra arranca una hegemonía soviética en Europa central v oriental, y americana en Europa occidental. La línea divisoria pasa a través de Alemania y Austria, divididas en zonas de ocupación (soviéticas, americanas, británicas francesas). Pronto se convertirá en un "telón de acero". La «guerra fría» entre el este y el oeste comienza en 1948.
En febrero de 1947 el tratado de paz que firma Italia pone punto final al contencioso heredado de la época mussoliniana. En mayo de 1947, los comunistas son excluidos de los gobiernos francés e italiano. En junio, los Estados Unidos proponen a los países europeo una ayuda económica (plan Marshall). Los Estados de Europa central, en su mayoría sometidos ya al control comunista, la rechazan, excepto Checoslovaquia, que volverá a la disciplina en febrero de 1948 («golpe de Praga»). Todos los países de Europa
occidental se ven beneficiados por el plan Marshall, excepto la España franquista (a la que no se ofreció) y Finlandia (que dijo no, para no indisponerse con la URSS). Viene luego la época de las alianzas militares. En 1948 los tres países del Benelux (unión aduanera fundada en 1944 por Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo) firman con el Reino Unido y Francia el tratado de Bruselas, dirigido aún contra Alemania. Al añosiguiente, el Pacto Atlántico (o Tratado del Atlántico Norte) persigue claramente precaverse contra las amenazas soviéticas. Además de Estados Unidos y Canadá, los signatarios son Bélgica, Dinamarca, Francia, Reino Unido, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, los Países Bajos y Portugal. En 1952 se añadirán Grecia y Turquía.
Pese a la guerra fría, Austria consigue preservar su unidad política, (que será
confirmada por el tratado del Estado austríaco de 1955). No ocurre lo mismo (con Alemania, que sufrirá sucesivamente una amputación y una división.
En 1945-1946, los territorios al este de la línea Oder-Neisse, separados de hecho de Alemania, son unidos a Polonia (y, en parte, a la URSS). Sus habitantes alemanes son expulsados en masa hacia el oeste, al igual que los alemanes de Bohemia. Al oeste de la línea Oder-Neisse, la guerra fría lleva a la instauración, en 1949, de dos Estados
alemanes diferentes: la República federal de Alemania (zonas de ocupación americana, británica y francesa) y la República democrática alemana (zona de ocupación soviética).
En 1955 la RFA se adhiere al Pacto Atlántico. A partir de 1961, el muro de Berlín parte la ciudad en dos.
LA EUROPA OCCIDENTAL CONTEMPORÁNEA
LA GÉNESIS DE LA UNIÓN EUROPEA.
La fundación del Benelux, en 1944, abrió el camino. El impulso decisivo se
produjo con el plan presentado en mayo de 1950 por Robert Schuman (ministro de Asuntos Exteriores francés), inspirado por Jean Monnet. Este plan conduce al año siguiente a la institución de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), que agrupa a Francia, la RFA, Italia y el Benelux. Gran Bretaña, hostil a toda dejación de soberanía, se negó a adherirse.
En 1952, los mismos seis Estados firmaron un tratado que instituía una Comunidad Europea de Defensa (CED), pero, tras muchas, tergiversaciones, el Parlamento francés e niega a ratificarlo. El «relanzamiento europeo» culmina en marzo de 1957 con el tratadode Roma, que instituye la Comunidad Económica Europea (CEE, llamada también Mercado Común») y el Euratom. La «Europa de los Seis» -cuyos promotores se fijaron, como objetivo, a largo plazo, la unión política- juega desde entonces un papel cada vez más importante.
El Reino Unido enciende en 1959 un contrafuego, bajo la forma de Asociación Europea de Libre Comercio (AELE), en la que participan Austria, Dinamarca, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza. En 1963, sin embargo. el Reino Unido cambia de táctica y solicita la adhesión a la CEE. Francia, presidida entonces por el general De Gaulle, la veta. El Reino Unido, acompañado de Dinamarca e Irlanda, no entrará en la CEE hasta enero de 1973.
A los Nueve se añaden, en 1981, Grecia. En enero de 1986, España y Portugal. Se unenluego a los Doce, en enero de 1995),Austria, Finlandia y Suecia. Noruega había firmadoun tratado de adhesión, pero los noruegos, por referéndum celebrado en 1994, se opusieron a la ratificación. En aplicación del tratado de Maastricht (7 de febrero de 1992), el conjunto toma el nombre de Unión Europea (UE) desde enero de 1994.
LA UNIFICACIÓN DE ALEMANIA.
Los regímenes comunistas se hunden en 1989 en Polonia, Checoslovaquia,
Hungría, la RDA... El muro de Berlín se abre el 9 de noviembre. Poco después se desmembrará la URSS. A pesar del escepticismo de muchos alemanes, el canciller Helmut Kohl se propone inmediatamente, a marchas forzadas, la unificación de Alemania: en octubre de 1990, los länder del este (ex RDA) se integran en la RFA.
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